sábado, 20 de febrero de 2010

Biocombustibles, la “panacea” energética

Primero fueron el maíz, la soja y la caña de azúcar los encargados de solucionar la crisis energética y frenar el calentamiento global. Después le llegó el turno a las algas. Los biocombustibles, que por un momento se consideraron la panacea sin contraindicaciones para compatibilizar desarrollo con medio ambiente, aún no han encontrado su ingrediente mágico. ¿Será posible producir energía sin desventajas?

Los biocombustibles son una fuente de energía renovable obtenida a partir de restos orgánicos. Su generalización no requiere grandes cambios tecnológicos ni modificaciones en el sistema de distribución, motivo por el que en principio parecieron ser la solución para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles, en teoría mucho más contaminantes, y lograr una mayor seguridad energética.

A la vista de todos estos beneficios, el mundo entero se ha volcado en su producción y desarrollo. Brasil, el primer país en utilizarlos, ideó hace ya treinta años un plan para reducir su dependencia del petróleo y ahora tiene excedentes de etanol producido mediante caña de azúcar. Estados Unidos y la Unión Europea elaboraron proyectos para aumentar su fabricación y reducir las emisiones de gases invernadero.

Sin embargo, varios estudios demostraron que los biocombustibles no son tan "verdes" como se creía. La Agencia para el Fomento de la Protección Ambiental considera que agravan la deforestación, disminuyen la biodiversidad y provocan el agotamiento acelerado de los recursos naturales. Además, contribuyen a la escasez de alimento y al aumento de los precios en las zonas más desfavorecidas del planeta.

La gran necesidad energética de Europa y EE UU implica la importación de biocombustibles de países empobrecidos y fomenta una gran injusticia: las tierras que pasan sed y hambre ceden sus cultivos a grandes compañías extranjeras y producen comida con el fin de generar energía para los países ricos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación denunció que a mediados de 2009 el número de personas con hambre en el mundo rebasó por primera vez los mil millones en la historia de la humanidad. Unas cifras estremecedoras que, como afirmó Pedro Medrano, director del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas en Latinoamérica y Caribe, deben convertirse en el punto central de las políticas públicas para el desarrollo.

Ya en 2008, treinta ONGs africanas pidieron una moratoria de los nuevos desarrollos de agrocombustible en el continente y denunciaron que la aclamada revolución energética incrementará los precios de los cereales, la deforestación de la selva tropical o el desplazamiento de los pequeños agricultores por la entrada de grandes empresas.

“Un tanque de automóvil lleno de etanol utiliza la misma cantidad de granos que pueden alimentar a un niño durante un año. No entendemos cómo nuestros gobiernos pueden disponer alegremente de nuestro sustento, tierras y agua para satisfacer la dilapidación de combustible de los pudientes del Norte, cuando en casa ya enfrentamos problemas de seguridad alimentaria y destrucción medioambiental”, concluía su petición.

La seguridad alimentaria es, sin duda, el gran problema al que se enfrenta la humanidad. A los países desarrollados corresponde la tarea de conciliar las necesidades energéticas con las alimentarias. La esperanza está ahora puesta en los biocombustibles de segunda generación, para cuya elaboración se emplean desechos forestales y agrícolas (paja, madera o partes no comestibles de los cultivos), sin ningún valor... por ahora.

A finales de enero, la revista Nature sembró nuevamente la esperanza con el anuncio de que la manipulación de la bacteria Escherichia Coli puede generar dos tipos de biocombustible de alta energía a partir de azúcares simples. Los científicos de la Universidad de California consideran que esta alternativa de combustibles de nueva generación se puede hacer realidad fácilmente con otros microorganismos como Saccharomyces cerevisiae.

¿Son los biocombustibles la única solución al cambio climático? ¿La obtención de energía limpia es la única alternativa? Si bien es cierto que los avances tecnológicos son una parte fundamental del proceso, hay que recordar que no son la única. Para ello hay que emprender estrategias globales. Una de las más importantes será educar a población y cambiar los hábitos de la sociedad para fomentar el consumo responsable. Algunas soluciones al problema simplemente pasan por emplear bombillas de bajo consumo o usar los medios de transporte público.