El uso de las redes sociales incrementa la automedicación. Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia, que ha analizado, entre otras cosas, los mensajes relacionados con la salud de los usuarios de Twitter. Más de 50.000 publicaciones estudiadas hablaban de las condiciones generales del uso de determinados medicamentos y unas 700 creaban malentendidos y fomentaban su mal uso. La combinación ”Gripe + antibióticos” fue una de las más empleadas por los usuarios, que parecen desconocer la broma que circula entre los médicos de que con antibiótico, la gripe dura 7 días y, sin él, una semana.
Los consejos de los familiares y amigos se han quedado anticuados ante las posibilidades que ofrece la red. El 85 por ciento de los pacientes reconocen que antes de consultar a su médico realizan una búsqueda en internet. Tras teclear sus síntomas en Google, obtienen información acerca de las posibles patologías y de los tratamientos más aconsejables. Es decir, emplean los buscadores para realizar el diagnóstico diferencial que sólo un verdadero profesional puede efectuar con rigor.
El problema es que las entradas omiten en muchas ocasiones información clave sobre las contraindicaciones, las interacciones con otros fármacos o los efectos secundarios que se pueden producir si se toma un determinado medicamento, y relacionan enfermedades que, en principio, no tienen nada en común.
Puede parecer un problema menor, pero la automedicación es la décima causa de muerte en el mundo. Detrás de la venta y el consumo de fármacos sin prescripción médica está el aumento de las tasas de resistencia a los antibióticos y la aparición de nuevas cepas bacterianas.
La Organización Mundial de la Salud es clara al respecto. Si se siguen utilizando de forma incorrecta los antibióticos, algunos virus que hoy en día no suponen ninguna amenaza para la salud serán incurables dentro de diez años. Las cifras hablan por sí mismas. Solo en Europa 25.000 muertes anuales están relacionadas con el mal uso de los medicamentos. No obstante, no todos los países tienen las mismas tasas de resistencia. La Red Europea de Vigilancia de las Resistencias a Antibióticos informa de que las mayores se localizan en los países del sur y del este de la UE, que son los que más antibióticos consumen. El problema alcanza sus dimensiones más preocupantes en África, donde a la dificultad de adquirir las medicinas ahora se suma su ineficacia. Los antimaláricos más comunes son ineficaces en el 50 por ciento de los casos, lo que ha llevado a la OMS a recomendar terapias combinadas.
Los microorganismos son más rápidos que las industrias farmacéuticas, que precisan de años para producir cada fármaco. Según la Agencia Europea del Medicamento, en la actualidad solo se están desarrollando 15 nuevos antibacterianos para los que ya existen opciones de tratamiento. El problema más grave lo presentan las bacterias Gram negativas multirresistentes, para las que aún no existe ningún antibiótico en perspectivas de ser comercializado.
José Campos, miembro de la Red Española de Investigación en Patología Infecciosa comparte esta preocupación. Cree que el futuro respecto a la resistencia a los medicamentos es poco esperanzador debido al “aumento continuo de la presencia de multiresistencias, la aparición y diseminación de superbacterias, las necesidades no cubiertas en el entorno hospitalario, y la baja disponibilidad de nuevos antibióticos, ya que el proceso de desarrollo puede durar de 12 a 24 años”.
Es importante concienciar a la población de los peligros del consumo indiscriminado de medicamentos, la nula validez de los consejos realizados por cualquier persona fuera del ámbito sanitario y la importancia de consultar con el médico o el farmacéutico antes de tomar cualquier fármaco. Campañas como la que lanzará el próximo 15 de mayo la Academia Nacional de Medicina de México, denominada “Más por tu receta”, han demostrado su efectividad en otros países.
Así las cosas, no está de más recordar las palabras de Aurelio Cornelio Delso, que allá por el siglo I a. de C afirmó: “Es menester no ignorar que los medicamentos tomados en brebajes no siempre resultan útiles a los enfermos y que, habitualmente, perjudican a las personas sanas”. Tengámosla bien presente si no queremos regresar a la “era preantibiótica”.
domingo, 16 de mayo de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
Salud para todos, un derecho y una obligación
La generalización de la historia clínica digital, la reducción del precio de los genéricos, la implantación de las facturas sombra y el desarrollo de estrategias educativas, informativas y organizativas son algunas de las nuevas medidas propuestas por el Ministerio de Salud para poner freno al uso irresponsable de la Seguridad Social.
El sistema sanitario hispano, es el servicio público mejor valorado por los españoles, por su universalidad y por estar organizado con criterios de equidad y de igualdad. Pero su mal uso puede disminuir o poner en riesgo su calidad.
La falta de concienciación sobre el alto costo de los servicios sanitarios es el mal endógeno del sistema de salud español. Según un reciente estudio realizado por la compañía McKinsey, una de cada tres visitas al médico de familia son innecesarias y cerca de la mitad de las urgencias no son tales. Las consecuencias de este abuso del sistema son claras: la sobrecarga de los centros de salud y el derroche de los fondos de las arcas públicas en pruebas y tratamientos innecesarios.
El paciente español ya no acude a la consulta con la confianza en los conocimientos y el criterio científico del doctor. Al contrario. Él mismo ha diagnosticado su supuesta dolencia tras leer un artículo en una revista, visitar un foro en internet o ver un comentario en Twitter y exige unas pruebas y un tratamiento concretos. Si, tras la exploración, el médico no le “obsequia” con la ansiada receta, el paciente considerará que no ha recibido el trato que merece y que el doctor que le ha atendido no es un auténtico profesional. La sostenibilidad, el uso responsable del sistema sanitario y los riesgos del incremento de la resistencia bacteriana por el abuso de los antibióticos le traen sin cuidado. Él paga sus impuestos y merece que todos los recursos estén a su disposición, aunque su dolencia no sea más que una simple gripe estacional.
Pero no sólo los pacientes utilizan los servicios sanitarios de un modo irresponsable. Según el informe McKinsey, los profesionales no siempre emplean de modo eficiente los recursos de los que disponen. Así lo demuestran las diferencias regionales en cuanto a pruebas diagnósticas, que son de hasta 3 veces para el TAC, de 5 para la resonancia magnética o de más de 7 para las mamografías.
El gasto farmacéutico español, un 40 por ciento superior al de países como Dinamarca, Reino Unido o Portugal, también corrobora esta aseveración. Según la plataforma No Gracias, la mayoría de los medicamentos prescritos pertenecen a empresas farmacéuticas consolidadas y son mucho más caros que los genéricos, que sólo se recetan en el 12 por ciento de los casos.
Sin embargo, ejemplos como el de la sanidad cubana han demostrado que es posible configurar un servicio de salud eficaz sin contar con grandes recursos. Según la revista Science, un reciente estudio realizado en la Universidad de Stanford demuestra que el sistema sanitario cubano no tiene nada que envidiar al de los países ricos. A pesar del bloqueo al que se ha visto sometida la isla durante cincuenta años, la esperanza de vida, la cantidad de médicos per cápita, el porcentaje de población vacunada y el índice de mortalidad infantil son los mejores de entre los países latinoamericanos. Esto ha sido posible gracias a una serie de medidas en las que se busca potenciar la prevención en vez de centrarse en los medicamentos y en las costosas pruebas diagnósticas. Para ello, se ha impulsado la educación sanitaria de la población, con el fin de que ésta sea menos dependiente de los fármacos, y se ha creado una buena red de centos de atención primaria, que asumen las enfermedades más frecuentes y de más fácil solución y recogen las necesidades de la población, sus deseos en temas de salud y sus prioridades.
La salud es un derecho fundamental de todo ser humano que hoy está al alcance de los españoles. Para que las generaciones futuras puedan disfrutar de este legado, los pacientes también deben asumir sus obligaciones como usuarios y los profesionales deben fomentar el uso responsable del sistema y buscar su sostenibilidad. La clave, como siempre, está en la educación.
El sistema sanitario hispano, es el servicio público mejor valorado por los españoles, por su universalidad y por estar organizado con criterios de equidad y de igualdad. Pero su mal uso puede disminuir o poner en riesgo su calidad.
La falta de concienciación sobre el alto costo de los servicios sanitarios es el mal endógeno del sistema de salud español. Según un reciente estudio realizado por la compañía McKinsey, una de cada tres visitas al médico de familia son innecesarias y cerca de la mitad de las urgencias no son tales. Las consecuencias de este abuso del sistema son claras: la sobrecarga de los centros de salud y el derroche de los fondos de las arcas públicas en pruebas y tratamientos innecesarios.
El paciente español ya no acude a la consulta con la confianza en los conocimientos y el criterio científico del doctor. Al contrario. Él mismo ha diagnosticado su supuesta dolencia tras leer un artículo en una revista, visitar un foro en internet o ver un comentario en Twitter y exige unas pruebas y un tratamiento concretos. Si, tras la exploración, el médico no le “obsequia” con la ansiada receta, el paciente considerará que no ha recibido el trato que merece y que el doctor que le ha atendido no es un auténtico profesional. La sostenibilidad, el uso responsable del sistema sanitario y los riesgos del incremento de la resistencia bacteriana por el abuso de los antibióticos le traen sin cuidado. Él paga sus impuestos y merece que todos los recursos estén a su disposición, aunque su dolencia no sea más que una simple gripe estacional.
Pero no sólo los pacientes utilizan los servicios sanitarios de un modo irresponsable. Según el informe McKinsey, los profesionales no siempre emplean de modo eficiente los recursos de los que disponen. Así lo demuestran las diferencias regionales en cuanto a pruebas diagnósticas, que son de hasta 3 veces para el TAC, de 5 para la resonancia magnética o de más de 7 para las mamografías.
El gasto farmacéutico español, un 40 por ciento superior al de países como Dinamarca, Reino Unido o Portugal, también corrobora esta aseveración. Según la plataforma No Gracias, la mayoría de los medicamentos prescritos pertenecen a empresas farmacéuticas consolidadas y son mucho más caros que los genéricos, que sólo se recetan en el 12 por ciento de los casos.
Sin embargo, ejemplos como el de la sanidad cubana han demostrado que es posible configurar un servicio de salud eficaz sin contar con grandes recursos. Según la revista Science, un reciente estudio realizado en la Universidad de Stanford demuestra que el sistema sanitario cubano no tiene nada que envidiar al de los países ricos. A pesar del bloqueo al que se ha visto sometida la isla durante cincuenta años, la esperanza de vida, la cantidad de médicos per cápita, el porcentaje de población vacunada y el índice de mortalidad infantil son los mejores de entre los países latinoamericanos. Esto ha sido posible gracias a una serie de medidas en las que se busca potenciar la prevención en vez de centrarse en los medicamentos y en las costosas pruebas diagnósticas. Para ello, se ha impulsado la educación sanitaria de la población, con el fin de que ésta sea menos dependiente de los fármacos, y se ha creado una buena red de centos de atención primaria, que asumen las enfermedades más frecuentes y de más fácil solución y recogen las necesidades de la población, sus deseos en temas de salud y sus prioridades.
La salud es un derecho fundamental de todo ser humano que hoy está al alcance de los españoles. Para que las generaciones futuras puedan disfrutar de este legado, los pacientes también deben asumir sus obligaciones como usuarios y los profesionales deben fomentar el uso responsable del sistema y buscar su sostenibilidad. La clave, como siempre, está en la educación.
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