viernes, 7 de mayo de 2010

Salud para todos, un derecho y una obligación

La generalización de la historia clínica digital, la reducción del precio de los genéricos, la implantación de las facturas sombra y el desarrollo de estrategias educativas, informativas y organizativas son algunas de las nuevas medidas propuestas por el Ministerio de Salud para poner freno al uso irresponsable de la Seguridad Social.

El sistema sanitario hispano, es el servicio público mejor valorado por los españoles, por su universalidad y por estar organizado con criterios de equidad y de igualdad. Pero su mal uso puede disminuir o poner en riesgo su calidad.

La falta de concienciación sobre el alto costo de los servicios sanitarios es el mal endógeno del sistema de salud español. Según un reciente estudio realizado por la compañía McKinsey, una de cada tres visitas al médico de familia son innecesarias y cerca de la mitad de las urgencias no son tales. Las consecuencias de este abuso del sistema son claras: la sobrecarga de los centros de salud y el derroche de los fondos de las arcas públicas en pruebas y tratamientos innecesarios.

El paciente español ya no acude a la consulta con la confianza en los conocimientos y el criterio científico del doctor. Al contrario. Él mismo ha diagnosticado su supuesta dolencia tras leer un artículo en una revista, visitar un foro en internet o ver un comentario en Twitter y exige unas pruebas y un tratamiento concretos. Si, tras la exploración, el médico no le “obsequia” con la ansiada receta, el paciente considerará que no ha recibido el trato que merece y que el doctor que le ha atendido no es un auténtico profesional. La sostenibilidad, el uso responsable del sistema sanitario y los riesgos del incremento de la resistencia bacteriana por el abuso de los antibióticos le traen sin cuidado. Él paga sus impuestos y merece que todos los recursos estén a su disposición, aunque su dolencia no sea más que una simple gripe estacional.

Pero no sólo los pacientes utilizan los servicios sanitarios de un modo irresponsable. Según el informe McKinsey, los profesionales no siempre emplean de modo eficiente los recursos de los que disponen. Así lo demuestran las diferencias regionales en cuanto a pruebas diagnósticas, que son de hasta 3 veces para el TAC, de 5 para la resonancia magnética o de más de 7 para las mamografías.

El gasto farmacéutico español, un 40 por ciento superior al de países como Dinamarca, Reino Unido o Portugal, también corrobora esta aseveración. Según la plataforma No Gracias, la mayoría de los medicamentos prescritos pertenecen a empresas farmacéuticas consolidadas y son mucho más caros que los genéricos, que sólo se recetan en el 12 por ciento de los casos.

Sin embargo, ejemplos como el de la sanidad cubana han demostrado que es posible configurar un servicio de salud eficaz sin contar con grandes recursos. Según la revista Science, un reciente estudio realizado en la Universidad de Stanford demuestra que el sistema sanitario cubano no tiene nada que envidiar al de los países ricos. A pesar del bloqueo al que se ha visto sometida la isla durante cincuenta años, la esperanza de vida, la cantidad de médicos per cápita, el porcentaje de población vacunada y el índice de mortalidad infantil son los mejores de entre los países latinoamericanos. Esto ha sido posible gracias a una serie de medidas en las que se busca potenciar la prevención en vez de centrarse en los medicamentos y en las costosas pruebas diagnósticas. Para ello, se ha impulsado la educación sanitaria de la población, con el fin de que ésta sea menos dependiente de los fármacos, y se ha creado una buena red de centos de atención primaria, que asumen las enfermedades más frecuentes y de más fácil solución y recogen las necesidades de la población, sus deseos en temas de salud y sus prioridades.

La salud es un derecho fundamental de todo ser humano que hoy está al alcance de los españoles. Para que las generaciones futuras puedan disfrutar de este legado, los pacientes también deben asumir sus obligaciones como usuarios y los profesionales deben fomentar el uso responsable del sistema y buscar su sostenibilidad. La clave, como siempre, está en la educación.

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