La malaria, la tuberculosis, el sida infantil o la enfermedad de Chagas son patologías para las que existen tratamientos. Sin embargo, cerca de 8.000 personas mueren al día por falta de atención sanitaria y por no poder acceder a los medicamentos que podrían curarles.
A través de la exposición fotográfica itinerante Voces contra el olvido, Médicos Sin Fronteras denuncia en estos días la falta de voluntad política y de investigación farmacéutica para erradicar estas patologías. Son las grandes olvidadas de la industria de los medicamentos, para la que la salud se ha convertido en una mercancía que genera importantes ganancias, pero sólo cuando se orienta a sus potenciales compradores, los países ricos.
Según la OMS, diez millones de niños mueren al año en los países empobrecidos a consecuencia de enfermedades curables. Mientras, la industria farmacéutica vuelve la cara. Las grandes transnacionales, que controlan el 85% de la producción mundial de fármacos, impiden a través de las patentes y las leyes de propiedad intelectual que durante años se puedan producir y comercializar productos genéricos, más baratos. Cuando el tiempo de protección de la patente finaliza, la empresa inventora debe hacer públicas las pesquisas para que otros laboratorios puedan fabricar los fármacos. Sin embargo, evaden dicha obligación alegando la necesidad de emprender nuevas investigaciones para mejorar sus productos y servir a la humanidad.
La realidad es que las compañías farmacéuticas están más preocupadas por tener un balance positivo a final de año que por salvar vidas. El 90% del presupuesto que dedican a la investigación y al desarrollo de nuevos fármacos, se concentra sólo en el 10% de la población mundial y se orienta a paliar los síntomas de las patologías y no a erradicar las causas. Y esto en el mejor de los casos, ya que los mayores ingresos los obtienen con la venta de drogas parareducir el peso corporal, dominar el estrés o acabar con la calvicie, es decir, para la gente sana de los países ricos.
Desde hace años, médicos de todo el mundo denuncian la falta de ética de las grandes empresas, que no tratan de curar enfermedades, sino de lucrarse con la comercialización de medicamentos, con los que se generan patologías crónicas, y con la amenaza de epidemias mortíferas. Al respecto, cabe recordar el pánico generado a escala mundial el año pasado por estas mismas fechas a consecuencia de la detección del virus H1N1, causante de la conocida como gripe A, que resultó ser menos mortífera que la gripe estacional. Un negocio redondo para la industria farmacéutica, que vendió millones de dosis de una vacuna que se ha demostrado innecesaria.
El polémico doctor Matthias Rath, que se autoproclama como el descubridor de la verdadera causa de las enfermedades cardiovasculares y de otras patologias crónicas, es uno de los mayores detractores de la actividad de las grandes transnacionales del medicamento. “El Mayor obstáculo para mejorar la salud de los seres humanos es la propia industria farmacéutica como negocio de inversión motivado por la expansión de las enfermedades”, afirma. Según él, patologías tan comunes como las enfermedades coronarias, los infartos de miocardio, la hipertensión arterial, el cáncer o el sida, podrían haberse prevenido o erradicado mediante el uso de tratamientos alternativos que optimizan el metabolismo celular.
Matthías Rath cuestiona también la comercialización de grupos de fármacos con conocidos efectos secundarios, nocivos para la salud, con los que se generan nuevas enfermedades. Medicamentos tan conocidos como la aspirina (que produce úlceras intestinales y hemorrágia gastrointestinal), los antiinflamatorios (que destruyen el tejido conjuntivo) o los fármacos para reducir el colesterol (que en las dosis actuales provocan cáncer), se comercializan masivamente en nuestras sociedades “avanzadas”, que son las que se pueden permitir pagarlos.
La salud, al igual que la alimentación o la educación es un derecho fundamental de todo se humano, por encima de su raza, religión o posición social, y por ello se ha declarado como un objetivo del milenio. Es hora de plantear acciones y estrategias de modo global para erradicar las enfermedades del olvido y mejorar la calidad de vida de los países empobrecidos. Ante la muerte masiva de millones de personas por la codicia de unos pocos, no vale mirar a otro lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario