06/04/10
Recientemente The New York Times ha informado de que mientras Ratzinger era obispo de Munich podría haber permitido la vuelta a la actividad pastoral de un sacerdote tras finalizar un tratamiento para superar su pedofilia.
Las especulaciones del diario no han podido ser demostradas pero, más allá de la veracidad de los hechos, se pone de manifiesto el modo de proceder habitual de la Iglesia: correr un tupido velo sobre lo que le interesa ocultar. Luego, si el asunto sale a la luz, ya se encontrará algo para desviar la atención.
Cientos de niños fueron sometidos a abusos sexuales mientras la institución que pretende erigirse como autoridad moral de la humanidad miraba para otro lado. De nada han servido todas las medidas que el Derecho Canónico promueve desde 1917 y que fueron actualizadas por Juan Pablo II en 1983. Tampoco parece que los escándalos acontecidos en EE UU hayan tenido ninguna repercusión real entre el clero, que procuró siempre acallar las críticas mediante la ocultación de los “religiosos” pecadores.
Ahora, cuando los fieles de las cada vez más vacías iglesias se llevan las manos a la cabeza, Benedicto XVI calla de nuevo y la jerarquía católica habla de otra cosa: de la existencia de un “temporal antieclesial y anticlerical” y de una campaña de desprestigio para “manchar al Papa”.
El Domingo de Resurrección, el cardenal Ángelo Sodano se saltó el protocolo que llevaba inalterable más de dos mil años y salió en defensa del Papa en la plaza de San Pedro. Le recordó que no está solo y que los fieles “no se dejan impresionar por las murmuraciones del momento”. Lo que parece ser, más bien, una manifestación pública de sus deseos como maquinaria empresarial.
No queda muy clara cuál será la reacción de los católicos, aunque parece observarse cierto hastío ante tanta hipocresía y una incipiente reacción contra las opiniones vertidas por el estamento que, a pesar de su voto de castidad, ha emprendido una auténtica cruzada contra el preservativo y los matrimonios homosexuales y que ahora intenta pasar por faltas leves los pecados de sus sacerdotes pedófilos.
Si la iglesia pretende llenar de nuevo sus iglesias de fieles, debería manifestar su clara voluntad de esclarecer los hechos y de colaborar con la justicia terrenal. La divina en estos casos, se ha mostrado insuficiente.
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